22/04/18

El abuelo y la nieta.


Sin hacer ruido, entré.
Me senté junto a su cama en la bonita mecedora azul que le habíamos regalado en su último cumpleaños y que ella siempre llamaba "la sillita del abuelo". Allí, mirándola mientras dormía, no pude evitar que las lágrimas resbalaran por mis mejillas.
"Tranquila", me dije, "deja de llorar. La vas a despertar".
Me limpié los ojos con el dorso de mi mano y me dejé caer sobre el respaldo de la "sillita del abuelo", mientras hacía un enorme esfuerzo por relajarme. Fue fácil. En ese cuarto se respiraba tranquilidad, felicidad. Se notaba, nada más entrar, que todo lo que allí había era puro, hermoso, sereno. Sólo se oía la respiración de la pequeña que, ajena a lo que sucedía a su alrededor, dormía plácidamente, mientras soñaba con angelitos. Con su angelito. Con el que iba a velar por ella todos los días del resto de su vida a partir de hoy.
Allí, sentada, recordé el día que ella llegó a nuestras vidas. Como todos los abuelos, imagino, pensamos que nuestros nietos son "lo más todo del mundo", pero es que ella lo era. Preciosa, redondita, suave.
Llegó anunciando su nacimiento con un llanto ensordecedor que vaticinaba su vitalidad. Tenía un precioso lunar marrón en el centro de su pequeña frente y, cuando nos sonrió, en sus mejillas asomaron dos preciosos hoyuelos que harían de su sonrisa la más bella del mundo.
Su abuelo la tomó en brazos horas después de haber nacido y, desde ese momento, su amor fue incondicional. La amaba con esa pasión que sólo un abuelo puede sentir por su primera nieta y ella le correspondía sin ninguna duda. Jamás hubo en el mundo dos seres que al mirarse demostraran más amor.
Él se sentaba en el porche de casa con ella en brazos cada día y le contaba toda clase de historias, de cuentos, ... Le contaba anécdotas de su padre, nuestro hijo; se inventaba mundos en los que ella era la reina y él su amigo más íntimo. La besaba, la acariciaba, la mecía y, claro, la malcriaba.
Los padres de la pequeña bebita tomaban esta relación con mucho respeto. "Nos encanta que se quieran tanto, están tan felices cuando están juntos...".
Y sí, así era, se les veía muy felices. Desde siempre, por siempre, para siempre.
Ella fue creciendo. Comenzó a andar, a hablar, a coger unas cosas y a pedir otras. Y su abuelo siempre a su lado.
"Ito", le decía abreviando mucho, mucho, el cariñoso término de "abuelito" que él se había empeñado en que ella le llamara, "¡ven!".
Y él iba. Allá donde ella lo llevara o donde ella quisiera ir.
Y los veíamos a través del ventanal de la enorme casa que compartíamos con sus padres, mientras ambos se alejaban de la mano, charlando sin parar, hacia el lugar que ella había elegido ese día para construir su reino por un rato.
Y, así, habían transcurrido los últimos cuatro años. Ella pedía, el abuelo le daba, los demás intentábamos sacarla un poquito cada día del mundo de fantasía que él había levantado alrededor de la nieta y, todos juntos, éramos muy felices por tener una familia con la que compartir tanta dicha.
Hasta hoy.
Él se durmió, sonriendo. Como cada día, sus últimos recuerdos fueron para las horas que esa tarde habían pasado juntos los dos, abuelo y nieta. Lo que ella había preguntado, lo que él le había explicado, el cuento que le contó mientras tomaban el sol en el jardín y cómo ella le había cogido la mano, acariciándole las arrugas que la llenaban.
"Esta niña va a ser muy lista, ya verás. Y es tan guapa que vamos a tener que echar a los pretendientes de casa de todos los que va a tener, jojojo", rio. "¡Ya verás!".
Y, mientras sonreía pensando en todo lo que la nieta le había hecho y dicho ese día, se durmió.
Para siempre.
Ella preguntará mañana, claro. Su mejor amigo ya no va a construir ningún mundo de fantasía para ella. Ya no la cogerá de la mano para ir a tomar el sol; no habrá un abuelo que le aplauda cada nueva palabra que aprenda, ni cada nuevo reto conseguido. No estará el día de su comunión, ni la verá graduarse. No la acompañará el día de su boda, ni podrá darle un beso en el hermoso lunar de su frente cuando sea madre por primera vez.
Ella preguntará mañana, claro. Y yo le diré que su "ito" ha ido al reino de los cielos a cuidar desde allí a la reina más bella. Le diré que, mientras dormía, le crecieron unas hermosas alas de ángel y que, volando, se fue al cielo para, desde allí, velar por nosotros.
Por siempre, para siempre.
Bss.


04/04/18

Querido diario:... no sería justo para las miles de cosas que me regala la vida...

Querido diario:

No puedo escribir, no soy capaz de ir más allá de un párrafo…

Me acuerdo de un post que escribí hace ya bastante tiempo, después de unas vacaciones de verano, que se llamaba “Delante de una página en blanco”. Era el aviso de que mis vacaciones terminaban y, por tanto, volvía a mi vida la rutina de escribir de nuevo con regularidad en el blog. Se iniciaba la temporada de concursos y, con ella, la lluvia de temas, ideas y todo lo demás que casi siempre me ha acompañado, libre en mi cabeza, surgiendo sin más ante la visión de algo o tras una conversación con alguien… Eso me llenaba mucho, lo recuerdo, no tenía la necesidad de hurgar demasiado para dar con algo sobre lo que escribir. De esa época nacieron muchos relatos, muy bonitos, emotivos, tristes o alegres… Pero ahora… No doy con ello. Y es cierto que noto la falta de eso, de esa parte de lo que ha sido mi vida casi tres años. Supongo que todo tiene su fin, aunque a mí no me gustaría que eso pasara. He estado a punto de cerrar este blog durante los últimos seis meses al menos tres veces, pero tampoco soy capaz de borrar de un plumazo lo que tanto tiempo, esfuerzo e ilusión me ha costado llenar.

Y me pregunto...

¿Falta de inspiración????? Es posible, sí…

¿Otras cosas en la cabeza? Seguro, también…

¿Demasiado inquieta o nerviosa para conseguir tener la paciencia suficiente para estar quieta delante de la pantalla? También…

¿Falta de interés? No, eso seguro que no, aunque es cierto que últimamente estoy volcada en otras cosas y noto esa falta de tiempo y tranquilidad.

¿El que no sea tan fácil como parecía al principio me ha desanimado? Bueno, es cierto que no es nada fácil, pero no me rindo casi nunca… No creo que sea eso.

¿Cansada, aburrida, desesperada, inactiva, desmotivada, sin inspiración, sin ganas, sin nada que decir? Tal vez todo eso junto…

Se me ocurren muchas más preguntas para las que quizá no tenga la respuesta adecuada, o correcta… Es cierto que escribir con un tema ya dado es mucho más fácil, es como ir a entrenar y que el profe de turno te cante los ejercicios que tienes que ir haciendo. Algo así, sí…, pero sentarse en frío… Eso ya es más difícil.

De todos modos, no voy a echarle la culpa de mi sequía literaria a la falta de inspiración o a la falta de un tema que me llame la atención. No sería justo para las miles de cosas que me regala la vida cada día.

He intentado muchas veces hacer eso de escribir sobre un objeto en concreto, uno nada más. Concentrarme en un jarrón, una mesa, un cuadro, una cara, unas manos (esto medio lo conseguí una vez)… Pero el resultado no ha sido en ningún caso digno de mención y mucho de menos de publicarse, ni aquí ni en ningún otro sitio. De hecho, hace un rato intenté concentrarme en el mar, en esa espesa capa de agua azulada que tanto me fascina y por la que muero cada vez que la recuerdo (o sea, cada día un rato). Y nada, no he sido capaz ni de acercarme a algo medianamente leíble. Es muy extraño y frustrante querer y no poder… Tener los medios, el lugar, la oportunidad, el deseo,… Y no poder…

¡Como tantas otras cosas en la vida!, diréis… 

Y con toda la razón del mundo, pero es que esto de escribir es, como casi todo en la vida, duro, difícil, sacrificado..., aunque después, cuando consigues el resultado perseguido, es muy gratificante. ¡Y yo quiero tener esa sensación de nuevo! Quiero sentir cómo las palabras se deslizan desde mi cabeza hasta las blancas páginas que se abren delante de mí, quiero ver cómo se forma esa historia en la que mi protagonista cobra vida, quiero ponerle el punto y final al cuento para leer una y otra vez esas líneas que han creado a un personaje de papel que seguro me enamora y consigue que me vuelen mariposas en el estómago. ¡Eso quiero!

Querido diario, voy a ponerme a ello... Como dice el refrán, "el que algo quiere, algo le cuesta" y tiene toda la razón. Desde enero he empezado al menos siete relatos, he intentado seguir con mi proyecto de novela y apenas he conseguido unas líneas medio decentes. Dicen que con trabajo, esfuerzo y perseverancia se llega a la meta casi siempre, así que... Quizá perdí de vista durante estos meses la meta de marras, el objetivo..., y dejé de luchar por él al no verlo. Será cuestión de enfocar de nuevo...

Bss.

Una luna, una playa, ...

Una luna, una playa, ...

Si cerraba los ojos, aún podía verlo, sentirlo, … Una luna, una playa, unos brazos que la abrazaban, una boca que la besaba, u...

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